
No hace falta meditar una hora ni sentarse en la posición del loto. Una práctica breve y constante reduce la reactividad y mejora el descanso.
El mindfulness no consiste en dejar la mente en blanco. Consiste en entrenar la capacidad de darte cuenta de dónde está tu atención y devolverla, con amabilidad, al momento presente.
Por qué funciona Cada vez que notas que te has ido y regresas, estás fortaleciendo la red neuronal responsable de la regulación emocional. Es un músculo: se entrena con repetición, no con intensidad.
Una práctica de cinco minutos **Minuto 1.** Siéntate con la espalda apoyada y los pies en el suelo. Cierra los ojos o baja la mirada.
**Minuto 2.** Lleva la atención a la respiración. No la modifiques: solo obsérvala entrar y salir.
**Minuto 3.** Recorre el cuerpo de la cabeza a los pies buscando zonas de tensión. Al encontrarlas, suelta un poco al exhalar.
**Minuto 4.** Cuando aparezca un pensamiento, nómbralo en silencio: planificando, recordando, juzgando. Y vuelve a la respiración.
**Minuto 5.** Antes de abrir los ojos, elige una intención sencilla para la próxima hora.



